Apuestas deportivas en México 2026: cómo funciona el permiso, el momio y el bono que pagas

Updated noviembre 2026
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Un documento con sello rojo sobre un escritorio de madera junto a un bolígrafo

Última actualización: noviembre 5, 2026, con los datos de permiso revisados contra la información publicada por las propias casas de apuestas y las compilaciones que dan seguimiento al sector.

Según el artículo 2 del Reglamento de la LFJS, la actividad de juegos con apuestas y sorteos que no esté expresamente prevista está prohibida.

México no tiene una licencia de apuestas en línea. No existe. Todo lo que se juega aquí con dinero pasa por un permiso de la Secretaría de Gobernación entregado a un permisionario con local físico, un papel temporal que la ley llama permiso y que medio mercado insiste en llamar licencia porque suena mejor en un anuncio. La Ley Federal de Juegos y Sorteos es del 31 de diciembre de 1947 y no menciona internet en ninguna de sus páginas. El Reglamento que la desarrolla, reformado el 16 de noviembre de 2023, cierra la puerta por el otro lado: en su artículo 2 deja prohibida toda actividad de juegos con apuestas y sorteos que no esté expresamente prevista.

Ahí está el primer costo, y no es un costo en pesos. Es un costo de certeza. Un jugador en México no puede abrir una lista oficial, buscar su casa y respirar tranquilo; la Dirección General de Juegos y Sorteos debía publicar esa lista, y quien ha intentado consultarla ha chocado con un documento que no se abre. En mayo de 2026 un diputado pidió por escrito un registro público y abierto de permisos de apuestas y casinos. Hasta octubre de 2026 seguía sin poder consultarse una lista completa. Lo que queda es el pie de página de cada operador y las compilaciones de terceros, y esas compilaciones se contradicen entre sí.

Este texto es sobre eso: qué cuesta, en dinero, en tiempo y en riesgo, cada pieza del aparato. El momio y el margen escondido dentro de él. El rollover del bono de bienvenida, que casi nunca aparece en el primer cartel. La retención del ISR que se descuenta antes de que el premio llegue a la cuenta. La identificación que hay que pasar antes de retirar.

Y una advertencia de fondo, porque el estado del sector cambió varias veces en un año. bet365.mx y Betano, de Ganador Azteca, fueron bloqueadas desde noviembre de 2025 por un congelamiento de cuentas de la UIF; en diciembre de 2025 un tribunal colegiado solo les permitió publicar contenido informativo; en marzo de 2026 un juez de distrito concedió a bet365 un amparo contra el bloqueo y el sitio seguía inactivo el 24 de marzo de 2026. En julio de 2026 la DGJS suspendió diez dominios de casino en línea. En octubre de 2026 un tribunal federal habría suspendido la orden de la SEGOB contra esas dos marcas. Son fechas, no un estado: quien lea esta página tiene que verificar el día en que la lee.

Cómo funcionan las apuestas deportivas en México: del registro al pago

La secuencia es corta y cada paso tiene un precio. Abrir una cuenta, comprobar quién eres, depositar, apostar, reclamar, retirar. Lo que cambia entre una casa y otra no es el orden, sino cuánto tarda cada eslabón y quién se queda con una parte.

Un balón de fútbol sobre un boleto de apuesta blanco en una mesa de madera a la luz del día
Los permisionarios de apuestas remotas deben presentar cuentas trimestrales y anuales auditadas, contratar seguros.

Registro, KYC y un nombre que tiene que coincidir

El registro es un formulario. La verificación de identidad, el KYC, es otra cosa. Antes de que salga el primer retiro, la casa pide identificación oficial, comprobante de domicilio y un método de pago a nombre del titular. La razón no es capricho: el sector del juego es una actividad vulnerable frente al lavado de dinero, y los operadores reportan operaciones relevantes a la UIF y al SAT. Los documentos exactos que exige la ley no están fijados en un artículo concreto, así que cada casa arma su propio expediente.

El costo aquí es de tiempo y de privacidad, y aparece en el peor momento: cuando ya hay dinero ganado dentro. El retiro va a una cuenta a nombre del jugador, no a la de un amigo, y esa correspondencia de nombres se verifica. Quien piense registrarse con los datos de otra persona está construyendo un problema que solo se ve al cobrar.

El boleto, el parlay y el momio que se multiplica

En México el precio se llama momio. El cupón, el boleto, el ticket: es lo mismo. La apuesta sencilla es un solo mercado —quién gana, cuántos goles, más o menos de dos y medio— y el parlay o combinada junta varias selecciones en un solo boleto y multiplica sus momios.

Esa multiplicación es lo más vendido y lo peor entendido del negocio. Un parlay de cinco selecciones a momio 2,00 cada una paga treinta y dos pesos por cada peso arriesgado, y por eso se anuncia en grande. Lo que no se anuncia es que la probabilidad de acertar las cinco es el producto de cinco probabilidades pequeñas. Para saber cuánto vale de verdad la posibilidad que se está comprando, hay que dividir uno entre el momio: 2,00 significa, en crudo, un 50 % de probabilidad implícita. Cinco de esas seguidas no son un camino largo: son una pared.

Apuesta en vivo, hándicap y retiro anticipado

La apuesta en vivo mueve el momio mientras el partido corre. El hándicap iguala a dos rivales desiguales. El cash out, el retiro anticipado, permite cerrar el boleto antes del final y cobrar lo que valga en ese instante, que casi nunca es lo que valía al principio.

El cash out es una venta, no un regalo. La casa pone el precio de compra y ese precio incluye su margen, otro más, encima del que ya venía en el boleto original. Quien abandona un boleto ganador antes del silbatazo final le está pagando a la casa el derecho a no esperar. A veces es la decisión correcta. Nunca es gratis.

El Reglamento no dedica un artículo a la apuesta en vivo, al deporte virtual, a los esports ni a los tipos de apuesta, así que esas modalidades se rigen por lo que el operador tenga autorizado dentro de su permiso, no por un texto específico que las nombre. Las apuestas de tipo mutuo y las carreras de caballos sí están reguladas en hipódromos, galgódromos y frontones, a través del cruce de apuestas, del que los menores de edad quedan excluidos por el artículo 5. Un mercado de intercambio de apuestas no aparece previsto en el Reglamento, y no hay razón para suponer que exista uno mexicano.

Qué le cuesta al jugador el margen del momio

Dos momios de 1,90 en un mercado de dos resultados parecen casi el doble. Casi. La probabilidad implícita de 1,90 es del 52,63 %, y dos veces eso es 105,26 %. Ese 5,26 % de más es el margen: la porción que la casa se queda de cada peso apostado en ese mercado, sin importar quién gane el partido. El momio justo para ese mercado habría sido 2,00 y 2,00; el 1,90 y 1,90 le paga al jugador un 95 % de lo que puso, visto como mercado.

Ninguna casa publica esa cifra. Se calcula. Y es el dato más util para comparar dos operadores que ofrecen el mismo partido, porque la diferencia entre un 1,90 y un 1,92 no se nota en un boleto y se acumula en doscientos.

El cupón dice una cosa y la cuenta dice otra: la retención del ISR

El artículo 137 de la Ley del ISR considera ingreso los premios de loterías, rifas, sorteos, juegos con apuestas y concursos autorizados legalmente. El artículo 138 fija lo que se descuenta: quien paga el premio retiene el 1 % cuando el impuesto estatal sobre el premio no existe o no supera el 6 %, y retiene el 21 % cuando ese impuesto estatal pasa del 6 %. La retención es pago definitivo solo si el contribuyente presenta la declaración a la que está obligado; si no, el ingreso se acumula y la retención se acredita. Los premios superiores a 600.000 pesos en un año se reportan en la declaración anual.

La Ciudad de México cobra un impuesto estatal del 6 % sobre los premios, lo que deja la carga total alrededor del 7 % en un caso así. Ese detalle decide qué te toca. El mismo premio retenido en un estado sin ese impuesto se queda en el 1 %. La diferencia no la elige el jugador con su estrategia: la elige su domicilio fiscal, que es exactamente el tipo de cosa que conviene saber antes y no después. La casa, además, emite un CFDI de retenciones por los premios gravados.

Antes de seguir, una cifra que sirve de vara. Con un ritmo de apuestas de 500 pesos a la semana y un mercado ilustrativo de dos resultados a momio 1,90 y 1,90, el costo esperado por el margen ronda entre 13 y 14 pesos por semana, asumiendo que todo el volumen se juega en un mercado con ese margen. Al año son entre 680 y 700 pesos. No es una pérdida para cualquiera: es el promedio sobre muchas apuestas, y quien acierta más de lo que el momio sugiere paga menos. Pero es el precio de entrada del juego, constante, y no depende del bono ni del equipo.

Las casas de apuestas deportivas en México: nueve operadores y qué pesa en cada uno

Nueve marcas operan en México bajo un permiso de la SEGOB según lo que ellas mismas publican o según las compilaciones que les dan seguimiento. Nueve no son el mercado. Falta mucha casa en esta lista y faltar de la lista no significa operar sin permiso: el sector es más grande, y la falta de un registro oficial consultable es justo el problema que obliga a escribir una lista como esta en lugar de copiar la del regulador.

Los criterios que pesan son cuatro, y el orden importa. Primero, cómo se puede comprobar el permiso: un pie de página que lo declara vale más que una compilación, y una compilación que copia el dato de otra página vale menos. Segundo, qué tan en serio se toma la casa la protección del jugador en lo que ella misma publica. Tercero, la mecánica de su cuenta: depósito, retiro y lo que cada plataforma declara sobre su oferta. Cuarto, la app y su disponibilidad en las tiendas de aplicaciones, porque la mayoría de este mercado juega desde el teléfono.

Casa de apuestas Permiso SEGOB según lo que declara su fuente, sin confirmación oficial Lo que su propia ficha publica sobre el punto clave
Codere DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, según una compilación del sector Su ficha de aplicación declara operar con permiso de la SEGOB, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta
Caliente DGG/SP/404/97, mostrado en el pie de página de su propio sitio Su pie de página prohíbe los juegos con apuestas a menores de edad, pide divertirse con responsabilidad y enlaza una sección de juego responsable
Strendus DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021, según casasdeapuestaslegales.mx Su denominación pública de permiso aparece en el propio sitio del operador
Playdoit DGAJS/SCEVF/P-02/2005, según casasdeapuestaslegales.mx Su denominación pública de permiso aparece en el propio sitio del operador
1xBet DGJS/0002/2020, según una compilación del sector El permiso de la App Store está a nombre de una empresa distinta de la que señalan las compilaciones
Betcris No se imprime número: el del pie de página del sitio y el de la tabla del titular difieren Su pie de página sí nombra al permisionario bajo el que opera la marca
Pickwin No se imprime número: las fuentes se contradicen entre sí Comparte permisionario con Betcris según las fuentes consultadas
Novibet DGJS/DCRCA/1121/2020, según casasdeapuestaslegales.mx Su denominación pública de permiso aparece en el propio sitio del operador
Betway 4184, según casasdeapuestaslegales.mx Su denominación pública de permiso aparece en el propio sitio del operador

Las cifras de esa tabla son el mejor material disponible y ninguna está confirmada por el regulador. Eso no es un matiz legal, es la condición del mercado. Un número de permiso copiado de una compilación que a su vez lo copió de otra página puede estar errado sin que nadie lo note, y dos compilaciones que se contradicen sobre el titular de un mismo permiso dicen bastante sobre el estado del registro público. Cuando el dato no se puede imprimir sin elegir bando, lo honesto es no imprimirlo, y en dos de estos nueve casos eso es exactamente lo que pasa.

Codere: la que más claro pone su propio marco

Codere publica lo que otras marcas dejan en letra chica. Su ficha de aplicación declara operar con permiso de la SEGOB, restringe el uso a mayores de 18 años y trae avisos de juego responsable junto con políticas de cierre de cuenta. El permiso lo atribuye la compilación a Libros Foráneos S.A. de C.V., con dos denominaciones distintas: DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019. Que una compañía acumule dos permisos de juegos con apuestas no es una rareza: el Reglamento permite que un permisionario tenga varios, y la ley prohíbe transferirlos, gravarlos o venderlos.

La marca construye además su producto sobre una tracción que no tiene nada que ver con el fútbol: una red de salas físicas. Eso le da algo que una casa puramente digital no puede dar, un mostrador donde reclamar cara a cara, y le da también la estructura de costos de una operación con nómina fija. El detalle de la edad es el interesante. La marca escribe 18 años porque es lo que quiere escribir; el Reglamento no fija un número, solo prohíbe a los menores de edad entrar en las áreas de apuestas de los establecimientos y participar en el cruce de apuestas. La línea la traza cada operador.

Veredicto: es la opción más legible para quien quiere ver el negocio desde afuera. La marca pone sus reglas por escrito, sin obligarte a buscarlas.

Caliente: la que enseña el permiso en el pie de página

Caliente imprime su permiso donde se puede leer sin entrar a una sección legal: DGG/SP/404/97, presentado en el propio pie de página como autorización de la Secretaría de Gobernación y operado por Tecnología en Entretenimiento Caliplay, S.A.P.I. de C.V. La fecha en el número, 1997, se adelanta casi tres décadas a la discusión sobre apuestas en línea, y eso cuenta la historia sin adornos: la operación digital va montada sobre un permiso que nació para otra cosa.

Su pie de página hace lo mínimo bien hecho. Advierte que los juegos con apuestas están prohibidos para menores de edad, pide diversión responsable y enlaza una sección de juego responsable. Es una línea de crédito corta, redactada sin entusiasmo y sin huecos.

La marca pesa como institución deportiva antes que como casa de apuestas, y esa posición tiene un precio concreto para el jugador: una empresa cuyo nombre está pegado a la camiseta de un equipo no puede desaparecer del país en una semana. La permanencia es parte del producto, y es lo que se paga cuando el momio de esta marca no es el más alto del mercado.

Veredicto: el permiso más antiguo y más visible del grupo, y la marca que menos se apoya en una aplicación para sostener su negocio.

Strendus: tres permisos y una empresa que no queda clara

Strendus es la marca con más denominaciones de permiso en esta lista: DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021, según la compilación que las recoge. El titular tampoco queda claro: las fuentes hablan de Atracciones y Emociones Vallarta o de New Ads, y no coinciden entre sí. Tres números y dos posibles dueños para una marca es el tipo de ficha que un lector debe leer entera, no por encima.

La acumulación de permisos sí encaja con el diseño del Reglamento. Los centros de apuestas remotas y las salas de sorteos de números o símbolos son los tipos previstos para apostar a distancia, y quien tiene un permiso de hipódromo, galgódromo o frontón puede pedir permisos complementarios. Una marca puede sostener su operación en varios papeles distintos a la vez. Lo que no puede hacer es moverlos de dueño.

Veredicto: la ficha más compleja, y por eso la que más gana si el regulador publica algún día la lista completa.

Playdoit: una denominación de permiso y pocos adornos

Playdoit aparece con una sola denominación: DGAJS/SCEVF/P-02/2005, atribuida a Eventos Festivos de México, según la compilación que la recoge. En un grupo donde casi todas las marcas cargan dos o tres números, ese registro plano dice algo y no dice otra cosa: la marca no ha necesitado reestructurar su papel ante la Dirección General, y tampoco ha querido publicar más de lo mínimo.

El prefijo del número, el mismo que llevan otros permisos de 2005 en esta lista, apunta a la familia de autorizaciones que se concedieron cuando el juego en línea no era todavía un negocio visible en México. Sobre la letra de la casa no hay más: el permiso vive en la compilación y no en una página de la marca.

Veredicto: la ficha menos ruidosa de la tabla. Quien busque una casa con papeles viejos y sin historia de reestructuración tiene aquí un candidato, y quien quiera comprobar el número, no.

1xBet: el permiso lo señala una página, la aplicación otra

1xBet reúne el dato más incómodo de la tabla. El permiso DGJS/0002/2020 lo atribuye una compilación del sector a Entretenimientos Naturales, pero la ficha de la aplicación en la App Store aparece a nombre de 1XCorp N.V., una empresa distinta. Dos capas de información sobre un mismo producto, sin ninguna que permita resolver cuál manda.

Aquí el lector tiene un motivo concreto para la cautela, y no tiene nada que ver con el funcionamiento del sitio. Una marca digital puede ser intachable en su atención al cliente y tener, al mismo tiempo, una estructura societaria en la que el permiso mexicano y la aplicación viven en dos mundos. Cuando el dinero del jugador está entre los dos, la pregunta de quién responde por él en México no se responde sola.

Veredicto: la más expuesta por su propio registro. Quien la use, que revise hoy mismo el pie de página del sitio y las condiciones de la aplicación, porque el dato cambia de un documento a otro.

Betcris: permiso bajo un permisionario que sí queda escrito

Betcris comparte permisionario con Pickwin: Producciones Móviles, S.A. de C.V. Según el oficio DGJS/405/2018 la compañía opera junto con Paradise Riviera Gaming, S.A. de C.V. El número que debería leerse en la tabla de la compilación y el que aparece en el pie de página del sitio no coinciden, y por eso no se imprime ninguno.

Lo que sí publica el sitio es lo demás. El pie de página nombra al permisionario, y eso permite a un lector atar la marca a una compañía concreta sin depender de una compilación de terceros. La operación del sitio aparece además a nombre de TV Global Enterprises Ltd., con licencia de la Autoridad de Juegos de Malta MGA/B2C/300/2008 vigente del 1 de agosto de 2018 al 3 de noviembre de 2026.

Ese segundo sello es la pieza que más confunde al jugador mexicano. La licencia maltesa no es un permiso mexicano y no sustituye al permiso mexicano: es un papel europeo con su propia fecha de caducidad, y en México la autoridad sigue siendo la Secretaría de Gobernación. Quien compare marcas con la ficha maltesa como argumento está comparando dos papeles de dos países distintos.

Veredicto: una marca con jerarquía de papeles inusualmente clara y un titular compartido que conviene tener presente, porque no es la única marca que cuelga del mismo permisionario.

Pickwin: la misma casa detrás del mismo papel

Pickwin también cuelga de Producciones Móviles, S.A. de C.V., esta vez con Unocapali La Paz Operadora. Las compilaciones se contradicen en el número: una da DGJS/DCRCA/1584/2019 y otra el DGAJS/SCEVF/P-06/2005-TER que aparece en el pie de página de Betcris. Cuando una fuente le asigna a una marca el número de papel que la marca vecina muestra como propio, el dato deja de ser un dato y se convierte en una pista.

Para el lector, la consecuencia es simple y fea: si Pickwin y Betcris comparten permisionario, elegir entre las dos no es elegir entre dos respaldos distintos. Es elegir entre dos productos con la misma espalda legal. La diversificación que un jugador cree estar consiguiendo al repartir su dinero entre ambas puede ser exactamente la que no consigue.

Veredicto: un permiso que no se puede confirmar impreso en la página y un respaldo que la marca comparte con otra. La transparencia del pie de página de la vecina le sirve de poco.

Codere ya está en la tabla, pero Novibet tiene otro tipo de silencio

Novibet aparece con el permiso DGJS/DCRCA/1121/2020 atribuido a Comercial de Juegos de la Frontera S.A. de C.V., según la compilación que lo recoge. La marca no ha publicado un pie de página que lo repita, así que su dato vive una sola vez, en un solo documento, sin segunda fuente que lo sostenga.

Ese patrón —un permiso que aparece una vez— es frecuente en esta lista y tiene una consecuencia práctica. Donde solo hay una fuente, no hay forma de detectar un error de transcripción. Un número con un dígito distinto sigue pareciendo un permiso razonable. El jugador que quiera comprobarlo tiene que ir al sitio de la marca y buscar en el pie de página, porque es el único lugar donde una casa puede confirmar su propio papel.

Veredicto: una marca que no se equivoca en nada visible y que tampoco pone nada a la vista. El permiso existe en el papel y no en la conversación.

Betway: una sola cifra para un permiso

Betway lleva el número más corto de la tabla: 4184, atribuido a Espectáculos Deportivos Frontón México S.A. de C.V., según casasdeapuestaslegales.mx. Cuatro dígitos sin año, en un grupo donde los demás permisos tienen el formato completo de la Dirección General.

El nombre del titular sí explica algo que el número no: un permisionario de frontón puede obtener permisos complementarios de apuestas remotas, y ahí encaja la marca. La casa de apuestas digital es la extensión de una operación de frontón, no un negocio que nació aparte. Al jugador eso le dice que la marca tiene raíz física en México y que el papel llega por una vía prevista por el Reglamento.

Veredicto: la ficha más corta de la lista y una de las que menos se puede verificar más allá de la compilación.

Panorama de las apuestas deportivas en México: qué es y qué no es una “licencia”

Conviene dejar una palabra fijada, porque de ella depende todo lo demás. En México el fundamento para operar apuestas es un permiso de la Secretaría de Gobernación, un acto administrativo temporal que se otorga a un permisionario. La ley lo llama así. El Reglamento, en su artículo 3, define además la apuesta como dinero en moneda nacional arriesgado en un juego permitido, y esa definición importa más de lo que parece: la apuesta es un acto sobre un juego permitido, no un contrato privado entre dos partes que se ponen de acuerdo en un teléfono.

El artículo 1 delimita el terreno: el Reglamento regula la autorización, el control, la vigilancia y la inspección de los juegos con apuestas y sorteos, salvo los de la Lotería Nacional, y establece competencia federal. El artículo 2 reparte el trabajo administrativo: la Secretaría interpreta y aplica la ley, y la Dirección General de Juegos y Sorteos autoriza, controla, vigila, modifica y termina los permisos. Debajo de eso está la ley de 1947, que prohíbe los juegos de azar y las apuestas en todo el territorio y solo exceptúa los expresamente autorizados.

Y ahí aparece la pieza que le cuesta dinero al jugador sin que se note: el permiso es intransferible. El artículo 31 del Reglamento dice que no puede gravarse, cederse, venderse ni comercializarse. Eso significa que cuando una marca internacional decide operar en México, no puede comprar un permiso mexicano. Lo que hace es asociarse con quien ya lo tiene. Por eso los grandes nombres del mercado local aparecen siempre pegados a un nombre que el jugador no reconoce, y por eso dos marcas que compiten ferozmente por el mismo cliente pueden colgar del mismo papel.

Los permisionarios de apuestas remotas cargan obligaciones que el jugador casi nunca ve. Deben presentar cuentas trimestrales y anuales auditadas, contratar seguros, reportar sospechas de delincuencia organizada o lavado de dinero y constituir una fianza equivalente a unos 60 días de premios promedio. Esa fianza es, en la práctica, una garantía de que hay con qué pagar si algo se rompe, y su existencia es el argumento más fuerte a favor de jugar con quien tiene el papel en regla. No es una promesa de pago rápido. Es la prueba de que hay una estructura financiera detrás del nombre y exigida por el regulador.

El permiso no es la casa: permisionarios con varias marcas

Una parte de la confusión de este mercado viene de la estructura, no de la desinformación. El jugador busca la casa de apuestas y la ley nombra al permisionario. Producciones Móviles opera junto a Paradise Riviera Gaming según el oficio DGJS/405/2018, y bajo ese techo conviven Betcris y Pickwin. Caliplay sostiene Caliente. Libros Foráneos sostiene Codere. Son tres ejemplos de la misma mecánica: la marca está arriba y el permiso abajo.

Comprenderlo cambia una decisión concreta. Quien reparte su dinero entre varias marcas del mismo grupo no está diversificando respaldo, está diversificando pantallas. Si mañana el permisionario tiene un problema con la Dirección General, las marcas que cuelgan de él lo tienen al mismo tiempo.

Lo que el Reglamento no dice de las apuestas en línea

El Reglamento regula los juegos con apuestas y sorteos, y punto. La apuesta en vivo no aparece en sus artículos con un tratamiento propio. El deporte virtual tampoco. Los esports, tampoco. Los tipos de apuesta concretos, tampoco. Lo que sí nombra son los tipos de permiso: los centros de apuestas remotas y las salas de sorteos de números o símbolos como las figuras previstas para apostar a distancia, más la posibilidad de permisos complementarios para quien tenga uno de hipódromo, galgódromo o frontón.

La consecuencia práctica es la que interesa a quien compara. Cuando no hay un artículo que fije una regla, la regla es la que el operador ponga en sus términos y condiciones, y esos términos son los que el jugador acepta al palomear una casilla. Leer los términos de un mercado nuevo no es una manía jurídica: es la única fuente de la regla.

Tampoco hay un artículo federal de publicidad en los preceptos reglamentarios revisados. Los límites de horario para anuncios en televisión que se citan en la prensa describen iniciativas, no ley. Los proyectos para restringir a influyentes y deportistas, para prohibir anuncios en transmisiones deportivas o para vetar los bonos de bienvenida no son ley. Ninguna regla estatutaria sobre bonos está vigente.

La reforma que no es ley

En octubre de 2026 la Secretaría de Gobernación terminó la revisión interna de una propuesta para sustituir la ley de 1947 y la envió al Gabinete de Seguridad. No se ha presentado al Congreso. No es ley. Una iniciativa distinta para abrogar la ley de 1947 propone crear un Instituto Nacional de Juegos y Sorteos, una edad mínima de 21 años y mecanismos de autoexclusión; también es una propuesta.

Tratar un proyecto como norma vigente es el error más caro que puede cometer quien lee sobre este mercado, porque de ahí sale la creencia de que ya existe un instituto que todavía nadie ha creado. La ley que se aplica hoy es la de 1947 con su Reglamento reformado en 2023.

Normativa y supervisión: quién vigila las apuestas deportivas en México y cuánto cuesta operar

La autoridad es la Secretaría de Gobernación. La Dirección General de Juegos y Sorteos es su brazo operativo: autoriza, controla, vigila, modifica y termina permisos, y lleva los procedimientos de sanción. La ley de 1947 le da además dos herramientas duras: inspeccionar los locales con permiso y clausurar los que operan sin él. Una tercera obligación de diseño urbano aparece en el mismo texto: ningún establecimiento puede situarse cerca de escuelas o centros de trabajo.

Conviene entender para qué existe ese aparato. El artículo 2 del Reglamento prohíbe toda actividad de juegos con apuestas y sorteos que no esté expresamente prevista, lo que traslada la carga de la prueba al operador: no basta con que la ley no prohíba algo, hace falta que lo haya previsto. En un negocio donde el dinero entra rápido, esa inversión de la carga es la principal herramienta de control del Estado.

Los impuestos que sostienen el sector y quién los paga

El 50 % es la cifra que ordena todo el cuadro fiscal del juego con apuestas y sorteos que requiere permiso, en vigor desde el 1 de enero de 2026 dentro de la reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación el 7 de noviembre de 2025. Antes era del 30 %. Está en el artículo 2, fracción II, inciso B) de la Ley del IEPS, y ese mismo inciso alcanza a los juegos en línea operados por residentes en el extranjero sin establecimiento en México, con bloqueo temporal del servicio digital en caso de incumplimiento grave.

Lo que no está establecido es la base. El texto legal revisado habla de “valor de la actividad”. La prensa habla de “monto total apostado”. Y esa diferencia no es un detalle semántico: un 50 % sobre la cantidad total apostada y un 50 % sobre el valor de la actividad son dos números de magnitud distinta. Se dice aquí con la cautela que exige, y no se escribe “50 % de lo apostado” ni “50 % de los ingresos brutos”, porque ninguna de las dos lecturas está fijada.

Los impuestos estatales añaden su propia capa. La Ciudad de México grava el juego con apuestas. Nuevo León grava los montos apostados. Como el jugador apuesta en el estado donde apuesta, y el premio se retiene con la regla del artículo 138 de la Ley del ISR, el 1 % o el 21 % depende del impuesto estatal aplicable al premio, no de la marca elegida.

Cuánto baja el bono cuando sube el impuesto

Cuando el impuesto al operador pasó del 30 % al 50 %, las casas no absorbieron la diferencia en silencio. Rediseñaron sus bonos de bienvenida para repartir parte del costo. Ese movimiento no aparece en ningún anuncio y se ve en el rollover, que es donde conviene mirar.

El detalle práctico para el jugador es este: subir el impuesto al operador no encoje el margen del momio, porque el margen es la porción del mercado y no la porción del fisco. Lo que cambia es el tamaño y las condiciones de lo que la casa reparte en la puerta de entrada. Un bono más pequeño con el mismo rollover es una reducción de valor disfrazada de presupuesto.

La identificación, la edad y la ausencia de un registro de autoexclusión

La ley no fija una edad numérica. El artículo 5 del Reglamento prohíbe a los menores de edad las áreas de apuestas de los establecimientos y su participación en el cruce de apuestas, y ahí se detiene. Las marcas escriben 18 años en sus fichas y pies de página. Esa cifra es de la casa, no del Reglamento.

La identificación funciona igual en todo el sector. El juego es una actividad vulnerable frente al lavado de dinero, por lo que los operadores verifican a sus usuarios y reportan operaciones relevantes a la UIF y al SAT. Los documentos concretos que hay que presentar no están fijados en una disposición general, y lo habitual es que el operador pida identificación oficial, comprobante de domicilio y un instrumento de pago a nombre del titular.

Y no hay un registro nacional de autoexclusión. No existe. La iniciativa para abrogar la ley de 1947 propone crear mecanismos de autoexclusión, edad mínima de 21 años y límites ligados al ingreso, y sigue siendo una propuesta. Tampoco se encontró un límite estatutario de depósito o de pérdida, ni una figura de cuenta temporal. Lo que sí existe es lo que cada marca decide poner en su propia aplicación: pausas, límites de depósito y autoexclusión voluntaria. Voluntaria significa que la decide el jugador y que la aplica la casa, sin padrón común que la extienda a las demás.

Los métodos de pago y el retiro a nombre propio

Ninguna disposición cubre los pagos de apuestas. Los métodos que aparecen —tarjetas, transferencia bancaria SPEI, comprobantes en efectivo en tiendas como OXXO, monederos electrónicos— son lo que cada marca dice de sí misma. El retiro llega a una cuenta a nombre del jugador, y el operador emite un CFDI de retenciones por los premios gravados. El uso de criptomonedas en marcas con permiso no está establecido.

Ahí hay una regla que no admite atajos y que conviene mirar antes de depositar, no después de ganar. La prueba de titularidad es la puerta del retiro. Quien deposita desde la cuenta de un tercero está construyendo, sin saberlo, una devolución pendiente.

Prevención y juego responsable: qué herramientas hay y qué no cubre ninguna

Se juega con las herramientas que la casa da. Eso, dicho sin rodeos, es el estado del juego responsable en México: no hay un registro nacional de autoexclusión que impida a una persona entrar a otra casa después de cerrar su cuenta en la primera, y no hay un límite estatutario de depósito o de pérdida que la ley imponga al operador. Quien quiera poner un techo a lo que pierde tiene que negociarlo con cada casa por separado, y el techo vale solo en esa pantalla.

Una credencial de elector junto a un celular con una cuenta regresiva en la pantalla sobre una mesa de cocina
El artículo 5 del Reglamento prohíbe a los menores de edad las áreas de apuestas de los establecimientos y su participación en el cruce de apuestas, pero no fija una edad numérica.

Lo que existe es lo que cada operador publica. Codere declara en su ficha de aplicación que limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. Caliente prohíbe los juegos con apuestas a menores de edad, pide divertirse con responsabilidad y enlaza una sección de juego responsable. Son dos fichas de dos marcas y no un sistema. La diferencia entre ambas cosas es la que decide si un límite sirve.

Límites de depósito y pausas: cómo se ponen y qué pasa si no están

El procedimiento es corto y distinto en cada plataforma. En general se entra a la configuración de la cuenta, se busca la sección de juego responsable y se fija un tope de depósito diario, semanal o mensual, o una autoexclusión por un periodo. Hay un momento peor que el resto y es el de bajar el límite: casi todas las casas aplican el cambio de inmediato cuando el jugador quiere restringirse y dejan una espera cuando quiere ampliarse, porque saben exactamente para qué sirve esa pausa.

Lo que debe tener claro quien se sienta a hacerlo: el límite vale en esa casa y en ninguna otra. Un tope de 500 pesos semanales en una plataforma no impide depositar 500 pesos en las otras tres. Un registro nacional de autoexclusión resolvería eso y no existe; la propuesta que lo crearía duerme en una iniciativa que no es ley.

Las señales que no deberían negociarse

Hay un puñado de situaciones que no necesitan un semáforo. Apostar dinero que estaba destinado a otra cosa. Pedir prestado para recuperar lo perdido. Perseguir un boleto con el siguiente, y con el siguiente. Ocultar la actividad a alguien en casa. Ninguna de esas conductas necesita una plataforma para reconocerse, y todas terminan en el momento del retiro, que es donde el jugador descubre si su cuenta sigue financiando el juego o ya financia otra cosa.

El aparato regulador mexicano no ofrece un recurso público de rescate aquí. La ley de 1947 sigue siendo la que se aplica, la reforma no se ha presentado al Congreso, y mientras tanto la protección la dan las herramientas de la casa y la decisión del jugador, en ese orden.

La ley y los bonos: qué se puede exigir a una casa

Ninguna regla estatutaria sobre bonos está vigente. Los proyectos que prohibirían los bonos de bienvenida son proyectos. Eso deja al jugador frente a los términos y condiciones de la promoción, que son el único documento con fuerza en el momento del reclamo, y frente al tamaño de la casa que los redacta.

También conviene tener presente lo que la ley sí exige a los permisionarios de apuestas remotas: cuentas trimestrales y anuales auditadas, seguros, reportes de sospecha y una fianza equivalente a unos 60 días de premios promedio. Son obligaciones contables, no promesas al cliente, y su presencia no dice nada sobre si un bono es bueno. Que una casa cumpla con el regulador y que su promoción valga la pena son dos preguntas separadas, y la segunda es la que responde este apartado siguiente.

Incentivo, recompensa y requisitos: los bonos de bienvenida en México

El cartel dice “bono de bienvenida sin depósito” y el jugador entiende dinero gratis. Vale la pena leer la palabra “bono” con la frialdad con que se lee la letra chica de un contrato, porque eso es lo que es. Un bono no es un premio: es un saldo condicionado, y la condición es el rollover.

La mecánica funciona igual en casi todas partes. La casa abona un monto, exige que el jugador apueste varias veces ese monto antes de poder retirar, fija un momio mínimo a partir del cual las apuestas cuentan y pone una fecha límite para cumplirlo. Y el bono no es una cantidad que se pueda retirar sin apostar: se retira lo que quede después de cumplir.

La cuenta del rollover: cuánto dinero tiene que moverse

El cálculo es simple y desagradable. Tome la base que la promoción nombra —solo el bono, o el bono más el depósito—, multiplíquela por el factor de apuesta exigido y tendrá el volumen que hay que mover. Ese volumen dividido entre lo que se apuesta en cada jugada da el número de apuestas necesarias, y solo cuentan las que alcanzan el momio mínimo.

Con la base de solo el bono, un bono de 1.000 pesos con un factor de cinco veces exige mover 5.000 pesos en apuestas. A una apuesta de 100 pesos por jugada son cincuenta boletos, y cincuenta boletos son varias semanas para casi cualquiera, con la fecha límite corriendo. Con la base bono más depósito, la misma promoción puede exigir el doble. La diferencia entre esas dos bases es la diferencia entre una promoción incómoda y una que no se termina.

El momio mínimo y el plazo son las dos condiciones que deciden si el rollover se cumple. Un factor de cinco veces parece razonable hasta que el mínimo es 1,80 y el plazo son siete días: a partir de ahí, el jugador que apuesta poco está comprando la obligación de apostar más rápido de lo que quería.

El valor real de una apuesta gratis

Una apuesta gratis con un momio 2,00 sobre un mercado de dos resultados que paga 95 % de lo apostado vale alrededor de 47,50 pesos por cada 100 pesos de apuesta gratis, asumiendo que la apuesta se coloca una vez en ese mercado. No vale 100 pesos. La razón es doble: el importe apostado no se devuelve cuando la apuesta gana, y el mercado se lleva su parte por el camino.

Esa es la frase que desarma el “bono sin depósito” y también la que explica por qué las promociones insisten en los momios altos. Con un momio de 5,00, el mismo cálculo deja un valor bastante mayor, porque la parte del importe que no se devuelve pesa menos frente a la ganancia. La casa no regala menos por generosidad: regala donde su margen ya está cubierto.

Por qué el dinero se pierde sin que el jugador apueste mal

Hay una forma de perder en una promoción que no tiene nada que ver con el resultado de los partidos. Se cumple el rollover a fuerza de mover dinero en apuestas y el saldo se evapora en el camino, no porque las selecciones estén mal, sino porque cada peso que se mueve ya pagó el margen del mercado. Sobre un mercado con un 5 % de margen, mover 5.000 pesos implica, en promedio sobre muchas apuestas, un costo de unos 250 pesos. Con un margen del 4 %, ese costo baja a unos 200 pesos; con un 6 %, sube a unos 300 pesos. No es una pérdida garantizada para cada jugador: es el promedio sobre muchos. Es la dirección en la que empuja el rollover.

Ese es el dato que convierte una promoción en una decisión. Un bono con un rollover alto puede costarle al jugador más de lo que le entrega, y no hace falta que la casa cometa ninguna trampa para que eso ocurra: basta con que el jugador cumpla la condición hasta el final.

La letra que hay que leer antes de aceptar

Cada promoción tiene sus números y no hay dos iguales. Antes de aceptar hay que encontrar cuatro cosas en los términos: el factor de apuesta y su base, el momio mínimo que cuenta, el plazo y el tope de ganancia que puede pagar el bono. Esa última condición es la que se descubre al final, cuando el jugador ya apostó durante tres semanas y el premio queda cortado por un máximo que estaba escrito en una página que nadie abrió.

Ninguna regla estatutaria obliga a una casa a redactar eso de una manera concreta. Las condiciones son contractuales y el único momento para leerlas es antes de palomear. Después, ya solo quedan los términos y la casa que los escribió.

Dispositivo, navegador y pantalla: la aplicación móvil en México

En un mercado donde la mayoría juega desde el teléfono, la aplicación es la casa. La versión de escritorio existe y sirve para lo mismo, pero la pantalla que decide una apuesta en vivo es la del celular, y por eso conviene mirar tres cosas antes de apostar: si la aplicación existe publicada por la marca en la tienda, quién es su desarrollador y qué declara dentro de su ficha.

Qué mirar en la ficha de una aplicación

La ficha de la tienda es un documento con valor propio. Ahí figuran el nombre del desarrollador, la edad mínima declarada y los avisos que la marca quiso poner. Codere declara en su ficha restringir el uso a mayores de 18 años e incluir avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. Eso es una declaración pública y fechada, y quien la busque la encontrará igual de accesible que un anuncio.

El nombre del desarrollador es la parte que menos se revisa y más dice. Una ficha registrada a nombre de una sociedad extranjera distinta de la que figura como titular del permiso mexicano cuenta una estructura societaria, no un fraude. En esa separación vive una pregunta útil: si algo sale mal con la cuenta, ¿qué entidad responde en México? Es una pregunta que no se resuelve con la calificación de la aplicación.

Mientras la descarga no está disponible

Cuando la aplicación de una marca no está publicada en la tienda, o cuando su dominio lleva meses bloqueado, el jugador se enfrenta al peor escenario de este mercado: la aplicación que descargó ayer puede servir para consultar algo y no para apostar. El estado de bet365 y Betano es el ejemplo que conviene tener a la mano, con las fechas puestas porque el estado cambió varias veces entre 2025 y 2026: bloqueo desde noviembre de 2025, permiso de publicar contenido informativo en diciembre de 2025, amparo concedido en marzo de 2026 con el sitio todavía inactivo el 24 de marzo, suspensión reportada de la orden en octubre de 2026.

El costo para el jugador no es la interrupción del entretenimiento. Es el saldo. El dinero que estaba dentro de una cuenta bloqueada no se retira cuando llegue el amparo: se retira cuando la casa y el proceso lo permitan. Un jugador que reparte su saldo entre cinco plataformas para aprovechar cinco bonos reparte también cinco veces ese riesgo.

La aplicación no cambia la ley

Una aplicación mexicana de una marca con permiso y una aplicación de una marca licenciada en Curazao pueden parecer iguales en la pantalla: el mismo diseño, la misma apuesta en vivo, el mismo cash out. La diferencia está detrás del icono y rara vez se hace visible en el uso diario.

Una casa con permiso mexicano aporta un foro legal en el país, el permiso de la Secretaría de Gobernación, controles de identificación y reporte de operaciones, y el CFDI de retenciones de los premios gravados. Una marca offshore no aporta nada de eso, y tampoco ofrece un registro nacional de autoexclusión, porque ese registro no existe para ninguna de las dos. Un sitio con licencia de Curazao no es un permisionario mexicano y no debe presentarse como si lo fuera. Con un saldo detenido dentro de la aplicación, la diferencia entre las dos situaciones se convierte en una sola pregunta: ¿a quién le reclamas, y dónde?

Preguntas frecuentes sobre las apuestas deportivas en México

¿Cómo puedo saber si una casa de apuestas opera con permiso de la Secretaría de Gobernación?

Se mira el pie de página del propio sitio: ahí las marcas serias escriben su permiso y el permisionario que lo sostiene. Si no aparece nada, se busca el nombre del permisionario, no el de la marca, porque el permiso está a nombre de una compañía que suele ser distinta.

¿Que la página sea .mx prueba que la casa tiene permiso en México?

No. El dominio es un registro, no una autorización, y no depende de la Secretaría de Gobernación. Una marca sin permiso mexicano puede operar bajo un dominio .mx sin problema. Lo único que acredita el permiso es el número y el permisionario que la casa declare, y esos datos conviene contrastarlos con más de una compilación.

¿Existe un registro nacional de autoexclusión y cómo funciona pedir autoexclusión?

No existe un registro nacional de autoexclusión en México. La autoexclusión que ofrece una casa es voluntaria, la aplica el operador en su propia plataforma y vale solo ahí. No se traslada a otras marcas, y tampoco impide abrir una cuenta nueva en otro sitio. Los mecanismos ligados al ingreso aparecen en una iniciativa que no es ley.

¿Cómo pongo un límite de depósito o de pérdida en una casa de apuestas?

Se busca la sección de juego responsable en la configuración de la cuenta y se fija un tope diario, semanal o mensual, o una pausa temporal. Casi todas las plataformas aplican el cambio de inmediato al restringirse y dejan una espera para ampliarlo. El límite vale solo en esa casa.

¿Qué riesgos tiene apostar en una casa sin permiso en México?

No hay un foro mexicano donde reclamar, no hay permiso que la Secretaría de Gobernación pueda vigilar ni CFDI de retenciones de los premios, y un saldo puede quedar detenido por un bloqueo o por una decisión societaria tomada en otro país. La probabilidad de cobrar depende de una jurisdicción a la que el jugador no tiene acceso práctico.

¿Se pagan impuestos por los premios de las apuestas y quién retiene?

Sí, y quien paga el premio es quien retiene. La Ley del ISR prevé una retención del 1 % cuando el impuesto estatal sobre el premio no supera el 6 %, y del 21 % cuando ese impuesto estatal es mayor. En la Ciudad de México, con un impuesto estatal del 6 %, la carga total ronda el 7 %.

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