Apuestas deportivas internacionales en 2026: el permiso que casi nadie mira

Updated noviembre 2026
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Un documento con sello rojo sobre un escritorio de madera junto a un bolígrafo

Datos actualizados a noviembre 5, 2026. Los números de permiso que aparecen más abajo se revisaron contra los pies de página y las fichas de las propias casas, y contra las compilaciones públicas que se citan en cada caso; el listado oficial de la Dirección General de Juegos y Sorteos no fue accesible, de modo que ningún número de permiso se presenta aquí como confirmado oficialmente.

El artículo 2 del Reglamento de la LFJS prohíbe lo no previsto expresamente y el artículo 8 de la ley permite a la Secretaría de Gobernación clausurar establecimientos sin permiso.

Un boleto de apuesta en México es una cosa y el papel que lo autoriza es otra. El primero se llena en dos toques, desde cualquier teléfono. El segundo existe desde 1947, en un reglamento reformado por última vez en noviembre de 2023, y casi nadie lo lee antes de depositar. Esa distancia entre lo que el jugador ve y lo que la ley permite es, en el fondo, el tema completo: entre el usuario y la casa hay un permisionario, un permiso intransferible y una Secretaría que puede cerrar la puerta. El buscador devuelve decenas de marcas llamadas “internacionales”; sólo una parte de ellas puede enseñar el documento que la sostiene.

México no tiene una licencia para apostar en línea. Eso no es una opinión ni un matiz: no existe un tipo de permiso digital autónomo en la Ley Federal de Juegos y Sorteos ni en su Reglamento. Lo que existe es un permiso de la Secretaría de Gobernación —la palabra es “permiso”, nunca “licencia”— concedido a un permisionario de base física, que a su vez opera una o varias marcas. El Reglamento define ese permiso como un acto administrativo temporal, y el artículo 31 lo declara intransferible: no se cede, no se vende, no se comparte. Cuando una marca presume de “licencia internacional”, lo que enseña normalmente es una autorización de otra jurisdicción. Ese papel no la acredita ante la SEGOB.

El artículo 2 del Reglamento, reformado el 16 de noviembre de 2023, es la bisagra de todo el asunto: prohíbe lo que no está previsto expresamente. No hay una lista de lo permitido que el jugador pueda leer al revés para deducir lo demás; hay un principio, y el principio es restrictivo. La consecuencia práctica la fija el artículo 8 de la ley: la Secretaría puede clausurar establecimientos sin permiso, y en 2025 y 2026 amplió su capacidad de bloquear dominios y aplicaciones sin permiso.

Aquí conviene detenerse en una cosa que se dice mucho y no se sostiene. Que una casa aparezca entre los primeros resultados de búsqueda no significa nada jurídico. La publicidad compra posiciones; el permiso se concede. El hecho de que una marca tenga anuncios en televisión, patrocinios en la liga o una aplicación bien posicionada en la tienda de Android no la vuelve parte del sistema.

Lo que sí distingue a una casa con permiso es concreto y algo aburrido: establecimiento legal mexicano, permiso de la SEGOB, controles de identidad y contra el lavado de dinero, y constancia de retenciones —el CFDI— cuando el premio lleva retención. La autoridad obliga a los permisionarios de apuestas remotas a cuentas trimestrales auditadas, fianzas y reportes de operaciones sospechosas. Nada de eso viaja con la marca: viaja con el permiso del titular.

Lo que la normativa mexicana sí permite y lo que deja fuera

El artículo 2 del Reglamento como regla de cierre

La mejor forma de leer el marco mexicano es al revés de como se lee casi todo lo demás. Otras jurisdicciones escriben una lista de prácticas prohibidas y todo lo que no aparece en ella queda, en principio, disponible. El Reglamento de la LFJS funciona al contrario: el artículo 2 cierra la puerta a todo lo que no esté previsto expresamente.

Un balón de fútbol sobre un boleto de apuesta blanco en una mesa de madera a la luz del día
Los permisos son intransferibles y no pueden cederse ni comercializarse (artículo 31 del Reglamento), de modo que un permiso mexicano solo ampara a su titular.

Esto tiene una consecuencia que el apostador nota en el programa de la casa. Las apuestas en vivo, los deportes virtuales, los esports y los tipos de apuesta que se discuten en los foros no tienen un artículo propio en el Reglamento que los lectores consultan. Su presencia en una página de apuestas no prueba que estén autorizados en términos generales; prueba que el permisionario los ofrece bajo su permiso y su riesgo. Aquí no hay nada parecido a un régimen de apuestas de intercambio: no se encontró ninguna disposición que las contemple, y no hay razón para dar por hecho que en México exista una bolsa de apuestas deportivas.

Las carreras de caballos y las apuestas mutuas sí tienen su propio terreno, y es un terreno físico: hipódromos, galgódromos y frontones, con el llamado “cruce de apuestas”. El artículo 5 del Reglamento prohíbe a los menores participar en él. Lo que no hace es poner un número: el Reglamento excluye a los menores de las áreas de apuestas y del “cruce”, pero no fija una edad legal para apostar. El “18+” que el usuario ve en cada esquina es una declaración de la marca en su propia ficha o su propio pie de página, no un artículo.

La Lotería Nacional se queda fuera del Reglamento por su artículo 1, y conviene recordarlo cada vez que alguien intenta deducir el régimen de las apuestas deportivas a partir del sorteo.

Un permiso no se cede: el artículo 31 y por qué importa

Hay un detalle técnico que explica el desorden de los números de permiso que se encuentran en la red. Los permisos son intransferibles e incomerciables. Un permiso mexicano ampara a su titular y a nadie más. Eso quiere decir que cuando una plataforma opera en México lo hace siempre colgada de alguien: un permisionario de apuestas remotas que responde ante la Dirección General de Juegos y Sorteos y que es quien figura en el número.

Y quiere decir algo más útil todavía: el titular del permiso y el dueño de la marca suelen ser dos razones sociales distintas. “Producciones Móviles” o “Comercial de Juegos de la Frontera” no aparecen en la publicidad; el usuario ve una marca, y en el pie de página, si baja lo suficiente, aparece el nombre que sí responde. Leer ese pie de página no es un ejercicio de curiosidad jurídica. Es la única manera de saber quién tiene la pelota cuando algo sale mal.

Para los permisionarios de apuestas remotas el Reglamento añade obligaciones que no se ven desde la aplicación: cuentas trimestrales y anuales auditadas, seguros, reportes de operaciones sospechosas de lavado de dinero y una fianza. Son cargas de cumplimiento reales, y explican por qué el ecosistema mexicano tiene pocos titulares y muchas marcas en el aparador.

Una lista que nadie puede abrir

La Dirección General de Juegos y Sorteos publica —o se dice que publica— un PDF con los sitios autorizados. Ese documento no pudo abrirse para esta revisión, y el efecto es directo sobre todo lo que sigue: los números de permiso vienen del pie de página de cada marca o de compilaciones de sitios especializados, y se marcan como “según la fuente, no confirmado oficialmente”.

Cuando la lista oficial falta, el ecosistema se llena de huecos. En mayo y julio de 2026 el Congreso pidió un registro público abierto de permisos, y los conteos que circulan no cuadran entre sí: un reporte habla de 136 sitios de apuestas y otro de entre 30 y 35 operadores digitales en dominios .mx. Con esa diferencia en el punto de partida, aquí no se publica ninguna cifra total de mercado. Cualquier artículo que dé un número redondo de “casas legales en México” está eligiendo una de esas versiones y presentándola como dato.

Lo que un lector puede hacer sin lista oficial es sencillo y toma dos minutos: bajar al pie de página de la casa, buscar el número de permiso, buscar el nombre del titular, y contrastar que ese titular sea el mismo que aparece en los términos y condiciones de la cuenta que va a abrir. Si el número no aparece, o el titular del permiso no se nombra por ningún lado, la conclusión ya está tomada, y no hace falta ningún registro.

La reforma que todavía no es ley

En octubre de 2026 la Secretaría de Gobernación terminó un anteproyecto para sustituir la ley de 1947 y lo envió al Gabinete de Seguridad. No se ha presentado. No es ley, no cambia nada esta semana y no sirve como argumento para decidir dónde abrir una cuenta.

Existe además una iniciativa que derogaría la ley vigente y crearía un Instituto Nacional de Juegos y Sorteos, con edad mínima de 21 años y autoexclusión entre sus funciones. Es también una propuesta. La diferencia entre un anteproyecto y un reglamento vigente es exactamente la diferencia entre lo que a alguien le gustaría que fuera el mercado y lo que le puede pasar al usuario que deposita hoy. Para el apostador, la única pregunta que cuenta es cuál es el estado del permiso de la casa que tiene enfrente, no cuál será el régimen dentro de dos años.

Publicidad, bonos y un vacío que se nota

No hay un artículo federal sobre publicidad de apuestas en los textos del Reglamento que se consultan, y tampoco hay una regla estatutaria sobre bonos. Los límites de horario que circulan —después de las 22:30, o entre las 06:00 y las 22:00— describen iniciativas, no ley. Las propuestas para limitar influencers y deportistas, prohibir anuncios en transmisiones deportivas o vetar los bonos de bienvenida comparten la misma naturaleza: son proyectos.

Esa ausencia explica algo que el usuario sí percibe: la forma de los bonos cambió. Después de la subida del IEPS, las casas rediseñaron sus ofertas de bienvenida para absorber parte del impuesto. El bono mexicano de 2026 no es el bono de hace tres años con otro número: es una estructura distinta, más corta y más condicionada, y quien compare ofertas debería mirar las condiciones antes que el cartel.

Prevención: identidad, límites y el registro que no existe

Verificación de identidad y reportes a la autoridad

Un permisionario verifica a sus usuarios y reporta operaciones relevantes a la Unidad de Inteligencia Financiera y al SAT, porque la actividad de juegos con apuestas está catalogada como vulnerable frente al lavado de dinero. Los documentos que debe pedir no están fijados en un estatuto accesible, y conviene decirlo así: la obligación de verificar existe, el catálogo exacto de papeles lo define cada casa.

Una credencial de elector junto a un celular con una cuenta regresiva en la pantalla sobre una mesa de cocina
El 11 y 12 de noviembre de 2025 la UIF identificó 13 casinos y congeló cuentas.

Ese punto es el que más pesa a la hora de elegir camino. La verificación de identidad es un trámite molesto: subir la credencial, esperar, repetir la foto porque se ve borrosa. Es también el único mecanismo que hace que un retiro llegue a la cuenta correcta y que una cuenta no sea de tres personas a la vez. Un sitio sin controles no le ahorra ese trámite al usuario; se lo cobra en otro lado, normalmente en el momento del retiro.

Sin registro nacional de autoexclusión: qué le queda al jugador

México no tiene un registro nacional de autoexclusión. La autoexclusión existe como herramienta voluntaria dentro de cada casa, y por eso mismo tiene el alcance que tiene: vale para la marca donde se activó, no para el mercado. Un jugador que se autoexcluye en una plataforma y abre cuenta en otra al día siguiente no ha hecho nada ilegal ni ha esquivado ningún sistema, porque el sistema no está ahí.

Las herramientas internas que las marcas listan en sus propias fichas son pausas, límites de depósito y autoexclusión voluntaria. No se encontró un límite de depósito o de pérdida impuesto por ley, ni una figura de cuenta temporal. Lo que cada casa ofrece en su sección de juego responsable es su propia política, y ahí es donde el lector tiene que ir a mirar, casa por casa, porque la comparación entre marcas en este terreno no la fija ninguna autoridad.

Y hay un punto que conviene grabar: la ausencia de registro no es un problema del apostador desordenado. Es un problema de cualquiera que quiera poner un tope a su propia conducta, porque el diseño del mercado no lo ayuda. El límite que el usuario se fija vale lo que valga su disciplina, no lo que valga la ley.

En la sección sobre el marco legal ya se dijo lo que un permisionario tiene que hacer para conservar su permiso. Aquí interesa lo contrario: qué no lo obliga nadie a hacer, y la respuesta es que ninguna norma mexicana convierte la protección del jugador en un registro compartido.

Cuando apostar deja de ser un pasatiempo

Una racha mala no es un problema de juego. Un problema de juego tiene señales reconocibles: perseguir pérdidas con depósitos nuevos, pedir dinero prestado para seguir, esconder la actividad de la familia, apostar por la noche para no pensar. Ninguna de esas señales se detecta mejor por estar en una casa con permiso que en una sin él.

Lo que cambia es dónde se puede pedir ayuda. Las casas con permiso incluyen avisos de juego responsable en su ficha de aplicación y en su pie de página, y enlazan secciones propias de juego responsable con políticas de cierre de cuenta. Eso no es una red de tratamiento; es una puerta y un teléfono. Y hay un dato que debería repetirse más de lo que se repite: la existencia de esas políticas no es un favor que la marca hace al usuario, es parte de lo que el permiso obliga a sostener.

Pedir la autoexclusión interna, borrar la aplicación y pedir ayuda en los servicios de salud mental correspondientes son tres actos distintos y complementarios. El primero es gratis y se pide por escrito a la casa, con la cuenta verificada; el segundo es literal y es el más eficaz a corto plazo; el tercero es donde el asunto se convierte en salud y no en presupuesto de entretenimiento. Nadie va a librar esa conversación por el usuario.

Cómo se evalúan las casas de apuestas internacionales que operan en México

lo que separa una oferta de otra

Empiezo por lo que descarta, porque la lista de lo que descarta es larga. Un permiso extranjero no cuenta como permiso mexicano: una autorización de Curazao no es un permiso de la Secretaría de Gobernación, y llamar “licencia” a cualquiera de las dos cosas confunde el asunto antes de empezar. Una marca puede operar con la autorización de otra jurisdicción y ofrecer apuestas en México; lo que no puede es presentar esa autorización como si fuera la mexicana.

Después vienen los datos que el propio usuario puede verificar sin ayuda de nadie: el número de permiso en el pie de página, el nombre del titular, la coherencia entre ese titular y la razón social de los términos y condiciones, la existencia de una sección de juego responsable, la política de cierre de cuenta y el 18+ declarado. Es una lista corta. También es suficiente para descartar la mitad del aparador.

Lo que decido con criterio propio y no con un artículo es lo demás: si la marca carga un requisito de apuesta razonable o uno que se come la oferta; si el soporte contesta en español en un plazo defendible; y qué tan probable es que el usuario siga teniendo cuenta dentro de un año. Ese último punto es la parte que el jugador olvida evaluar y la que decide si el saldo se retira sin drama.

Los criterios que sí pesan en la decisión

Lo primero es el permiso y su titular, por la razón que ya se explicó: es lo único que le da al apostador un establecimiento legal mexicano detrás. Lo segundo es la retención: una casa con permiso emite constancia de retenciones cuando el premio la lleva, y eso convierte una ganancia en un ingreso declarable sin sobresaltos. Lo tercero es el costo real de la oferta; los requisitos de apuesta, los momios mínimos y el plazo son la diferencia entre un bono y una cuenta que no se puede cobrar.

Lo cuarto es el catálogo deportivo: mercados disponibles, apuestas en vivo, retiro anticipado y transmisión en directo dentro de la aplicación. Lo quinto es la operación: métodos de depósito y retiro, si el retiro va a una cuenta a nombre del jugador, y en qué plazo llega. Lo sexto, y el más subestimado, es el soporte en español y la claridad de los términos y condiciones.

Hay un séptimo criterio que no forma parte de ninguna comparación estándar y que aquí pesa: qué tan expuesta está la marca a los cambios de criterio de la autoridad. Entre 2025 y 2026 el bloqueo de dominios dejó de ser una hipótesis. Un saldo en una cuenta que se deshabilita de un día para otro es el peor escenario posible, y el jugador no lo evalúa porque la aplicación funciona bien el día que abre la cuenta.

Tabla comparativa: permiso declarado y lo que la propia ficha dice del juego responsable

Casa de apuestas Permiso SEGOB, según la fuente citada Juego responsable según su propia ficha o pie de página Fuente del número
Novibet DGJS/DCRCA/1121/2020 — casasdeapuestaslegales.mx, no confirmado oficialmente
1xBet DGJS/0002/2020 — una fuente especializada, no confirmado oficialmente
Betcris número no publicado Juego con apuestas estrictamente prohibido para menores; sección de juego responsable; el servicio no se promociona a menores de 18 años pie de página de betcris.mx
Caliente DGG/SP/404/97 Juego con apuestas prohibido para menores; sección de juego responsable pie de página de caliente.mx
Codere DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019 Avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta; uso limitado a mayores de 18 años ficha de la app de Codere México; una fuente especializada, no confirmado oficialmente
Playdoit DGAJS/SCEVF/P-02/2005 — casasdeapuestaslegales.mx, no confirmado oficialmente
Strendus DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021 — casasdeapuestaslegales.mx, no confirmado oficialmente
Pickwin número no publicado — las compilaciones se contradicen
Betway 4184 — casasdeapuestaslegales.mx, no confirmado oficialmente

La tercera columna merece una explicación, porque no está llena de dashes por pereza. Las fichas de aplicación y los pies de página revisados no publican avisos equivalentes en todos los casos, y ahí no hay nada que contar: una marca que no los declara no está incumpliendo nada visible desde fuera, simplemente no escribe esa línea donde cualquiera la vea. Lo que sí llama la atención es la brecha entre las dos columnas mejor documentadas, Betcris y Caliente, y el resto. En las nueve filas, sólo dos casas dejan por escrito el aviso de mayoría de edad en su propio pie de página, y ninguna de las dos presume de ello.

En la segunda columna hay dos ausencias que valen más que las seis cifras. Betcris y Pickwin no publican número, y es el mismo motivo en los dos casos: los números se contradicen entre fuentes. El que una compilación atribuye a Pickwin —DGAJS/SCEVF/P-06/2005-TER— es el mismo que el pie de página de Betcris muestra a nombre de Producciones Móviles. Es decir que la contradicción no está en el número, sino en el reparto del número entre dos marcas: algo que pasa exactamente porque un mismo permisionario puede operar varias plataformas y porque los permisos no se ceden. Escribir una de las dos versiones habría sido inventar una certeza.

Nótese también la forma de la fila de Strendus: tres permisos distintos bajo una sola marca. No es un error de transcripción. Un titular puede acumular varios permisos —de apuestas remotas, de sorteos de números o símbolos— y la marca que el jugador ve los usa todos. Cuando alguien pregunte “cuál es el permiso de esta casa”, la respuesta honesta puede ser un plural.

Casa de apuestas Qué cambia en la práctica frente a sus vecinas
Novibet permiso del tipo de apuestas remotas, con titular nombrado en la compilación y sin confirmación oficial
1xBet la aplicación aparece en la tienda bajo una razón social distinta de la del titular del permiso
Betcris número de permiso discutido entre dos fuentes; razón social del sitio distinta del permisionario
Caliente es la única de las nueve cuyo número proviene de su propio pie de página
Codere dos permisos y una aplicación que declara políticas de cierre de cuenta
Playdoit permiso con la nomenclatura antigua de la Dirección General
Strendus tres permisos bajo una marca, con discrepancia sobre el titular
Pickwin comparte razón social con otro permisionario de la lista
Betway el número más corto de la tabla, sin año ni expediente completo

Lo que la segunda tabla pone en evidencia es que la forma del número de permiso cambia de una época administrativa a otra: los expedientes de 2005, los de 2015 y los de 2021 no se escriben igual, y un lector que compare formatos puede sacar conclusiones falsas sobre quién está más o menos autorizado. La única fila cuya cifra sale del propio sitio de la marca es la de Caliente. En todas las demás, el número lo puso ahí alguien que lo leyó en otra parte.

Novibet: permiso de apuestas remotas con el titular a la vista

Novibet opera en México bajo un permiso de la Secretaría de Gobernación con número DGJS/DCRCA/1121/2020, según la compilación de casasdeapuestaslegales.mx. La nomenclatura del expediente es la de la Dirección General de Juegos y Sorteos en su etapa más reciente, y el titular que la fuente nombra es Comercial de Juegos de la Frontera. Es decir: la estructura que el lector acaba de ver en la tabla —marca por un lado, permisionario por otro— se cumple aquí sin adornos.

Que el número venga de una compilación y no de una confirmación oficial es lo que hay. La lista de la Dirección General no pudo abrirse, y ese hueco afecta a ocho de las nueve filas de la comparación por igual. Lo que el jugador puede hacer es lo de siempre: bajar al pie de página y ver si el número aparece ahí. Si aparece, la marca lo está publicando. Si no aparece, la diferencia es material, aunque el número exista.

El permiso de apuestas remotas es el tipo relevante para lo que el lector busca: un centro de apuestas remotas es el permiso bajo el cual una plataforma ofrece apuestas de deportes a distancia. Novibet no publica, en lo que se consultó, ni avisos de juego responsable equivalentes a los de las dos casas mejor documentadas de la tabla ni una política de cierre de cuenta visible. Eso no la convierte en una casa descuidada —la obligación de verificar identidad y de reportar operaciones sospechosas pesa igual sobre su permisionario— pero sí significa que el jugador que quiere leer esas líneas por escrito tendrá que buscarlas en los términos y condiciones de la cuenta, no en la portada.

Veredicto: la marca es la más limpia de la lista en cuanto a estructura del permiso, y también la más muda. Quien quiera una casa donde el nombre del titular no esté escondido encontrará aquí exactamente eso y nada más; quien quiera leer una política de juego responsable antes de depositar tendrá que trabajar un poco más de lo que le gustaría.

1xBet: la aplicación bajo un nombre que no es el del permiso

El permiso que la fuente atribuye a 1xBet es DGJS/0002/2020, con Entretenimientos Naturales como titular, según Apuestas-legales.com.mx. La compilación no pudo confirmar ni el dominio 1xbet.mx ni la lista oficial de la Dirección General. La confirmación oficial, por lo tanto, no existe aquí tampoco —y en este caso hay un detalle que sí es propio de esta ficha y no de las demás.

La ficha de la tienda de aplicaciones lista la aplicación bajo 1XCorp N.V., una razón social distinta de la del titular del permiso. Es el ejemplo perfecto de por qué el artículo 31 del Reglamento importa: el permiso ampara a un titular, la aplicación la publica otra empresa, y el jugador que lee ambas cosas sin contexto puede creer que hay dos permisos donde sólo hay uno. No hay contradicción legal en esto; hay una cadena que empieza en un permisionario y termina en una tienda de aplicaciones, con una sociedad extranjera en medio.

El expediente DGJS/0002/2020 es el más antiguo de los que llevan el formato nuevo de la Dirección General entre las nueve marcas comparadas, y esa antigüedad tiene una lectura tranquilizadora y otra incómoda. La tranquilizadora: un permiso que sigue vigente después de seis años ha pasado por varias revisiones administrativas. La incómoda: cuanto más viejo el expediente, más probable es que el número que circula en compilaciones se haya copiado de un documento anterior sin verificarse contra el actual. Aquí no se puede resolver esa duda, y quien diga que la resolvió está adivinando.

Veredicto: el desfase entre la razón social de la tienda de aplicaciones y el titular del permiso es el rasgo que define a esta fila, y es informativo más que alarmante: enseña cómo funciona de verdad la cadena marca-permisionario en México. Un jugador acostumbrado a buscar coherencia entre el nombre de la tienda y el del permiso va a encontrar aquí una incoherencia que no es una irregularidad, pero que tampoco se explica sola en ninguna parte del sitio.

Betcris: el permiso que aparece en dos fichas distintas

Aquí la tabla se queda sin número, y el motivo es el más interesante de toda la comparación. El pie de página de betcris.mx muestra el permiso DGAJS/SCEVF/P-06/2005-TER a nombre de Producciones Móviles, S.A. de C.V., que opera junto con Paradise Riviera Gaming según el oficio DGJS/405/2018. Una compilación atribuye ese mismo número a Pickwin. Dos marcas, un expediente, dos relatos.

Lo que sí está bien documentado en esta fila es la parte que suele faltar en las demás. El pie de página declara que los juegos con apuestas están estrictamente prohibidos para menores de edad, enlaza una sección de juego responsable y aclara que el servicio no se promociona a menores de 18 años. Es una de las dos únicas fichas de la lista que dejan el aviso por escrito donde cualquiera lo ve. También aparece una autorización de la Autoridad de Juegos de Malta, MGA/B2C/300/2008, vigente del 1 de agosto de 2018 al 3 de noviembre de 2026, a nombre de TV Global Enterprises Ltd.

Y ahí está el malentendido que conviene deshacer con calma. La autorización maltesa es real y está vigente, y no es un permiso mexicano. No autoriza a operar apuestas en México ni sustituye al permiso de la Secretaría de Gobernación. Un jugador que lea las dos líneas del pie de página y concluya que la marca tiene “dos licencias” ha entendido mal las dos: tiene un permiso mexicano en discusión y una autorización europea fuera de su jurisdicción.

Veredicto: en transparencia editorial, esta ficha es la que más pone sobre la mesa —titular, socio operador, aviso de edad, sección de juego responsable y autorización extranjera— y también la que peor cuadra entre sus propias fuentes. El jugador que sólo quiere ver el número se queda sin él; el que quiere entender de quién es la casa, aquí encuentra más de lo que esperaba.

Caliente: el único permiso que la marca publica en su propio pie

Caliente lleva el permiso DGG/SP/404/97, y es la única de las nueve marcas comparadas cuyo número proviene del pie de página de su propio sitio. La operadora que aparece es Tecnología en Entretenimiento Caliplay, y el pie presenta el dato como autorización de la Secretaría de Gobernación. La nomenclatura del expediente delata la época: es un formato de los años noventa, anterior a los formatos de 2005, 2015 y 2020 que aparecen en las demás filas.

Ese detalle de formato tiene una lectura práctica. Los expedientes más antiguos suelen corresponder a permisos de base física ampliados después con permisos complementarios de apuestas remotas. Es decir: la casa que hoy se ve en la aplicación probablemente se sostiene sobre un permiso pensado para otra cosa y adaptado con el tiempo. No hay nada irregular en eso —el Reglamento lo prevé expresamente para titulares de hipódromo, galgódromo o frontón— y sí hay algo revelador sobre cómo se construyó el mercado mexicano: por capas, encima de lo que ya existía.

La ficha es también una de las dos que declaran por escrito la prohibición para menores y enlazan su sección de juego responsable. Como dato de comparación, es la mitad de la tabla en ese terreno. Como jugador, uno se pregunta por qué el aviso más elemental —que el juego con apuestas está prohibido para menores de edad— aparece en dos pies de página de nueve.

Veredicto: el valor de esta fila no está en la marca sino en el método. Es la prueba de que un permiso sí se puede publicar donde el usuario lo encuentre sin bajar tres pantallas, y de que las otras ocho fichas podrían hacer lo mismo si quisieran. Cuando una casa esconde su número y otra lo imprime, la diferencia no es de tamaño: es de disposición.

Codere: dos permisos y una aplicación que sí declara sus políticas

Codere aparece con dos permisos: DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, a nombre de Libros Foráneos S.A. de C.V., según Apuestas-legales.com.mx. Es el caso más claro de acumulación de permisos en la lista, junto con el de Strendus, y explica por qué el jugador no debería esperar un número único cuando pregunta por el permiso de una casa.

La parte mejor documentada de esta fila no es el permiso, y eso es poco habitual. La ficha de la aplicación de Codere México declara que opera con permiso de la SEGOB, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. De las nueve fichas, es la que más herramientas de juego responsable enumera en el lugar donde un usuario las busca, y la única que menciona explícitamente una política de cierre de cuenta.

Esa política merece un párrafo propio, porque casi nadie la usa y todo el mundo la necesita. Cerrar una cuenta no es lo mismo que vaciar el saldo y desinstalar la aplicación. Un cierre formal impide volver a registrarse con los mismos datos, y es el único instrumento permanente que una casa con permiso ofrece a quien quiere dejar de apostar ahí. Que esté escrita en la ficha de la aplicación significa que existe y que se puede pedir; que sólo una de las nueve marcas la anuncie significa que el jugador tendrá que preguntar en las otras ocho.

Veredicto: el par de permisos no añade nada que el jugador no tenga ya con un permiso único; la política de cierre de cuenta sí. Quien esté pensando en dejar de apostar en algún momento —es decir, cualquiera— encontrará aquí el único sitio del listado donde ese trámite está anunciado antes de abrir la cuenta, y eso vale más que un número más largo.

Playdoit: la nomenclatura antigua de la Dirección General

Playdoit opera con el permiso DGAJS/SCEVF/P-02/2005, a nombre de Eventos Festivos de México, según casasdeapuestaslegales.mx. El expediente comparte formato con el de Betcris —misma cadena de siglas, mismo año de 2005— y con el número que la compilación atribuye erróneamente a Pickwin. En una tabla donde conviven formatos de cuatro épocas administrativas distintas, esta fila es la más antigua del bloque de 2005.

Esa coincidencia de nomenclatura no es una coincidencia de empresa: dos fichas distintas pueden compartir formato de expediente porque el formato lo puso la autoridad, no la casa. Es exactamente el tipo de detalle que hace que las compilaciones se equivoquen. Cuando dos números se parecen mucho, alguien los copia cruzados, y el error queda publicado en un blog durante años.

De esta ficha no hay declaración pública de juego responsable en lo que se consultó, ni límites, ni política de cierre de cuenta visible. Tampoco hay nada que indique lo contrario: simplemente, la marca no lo escribe donde un visitante lo lea sin entrar a la cuenta. El jugador que quiera saber qué herramientas tiene antes de depositar tendrá que preguntarle al soporte y guardar la respuesta.

Veredicto: en el terreno del permiso, esta es una fila sin sorpresas y sin ventajas: un expediente de 2005 cuya fuente es una compilación, en una marca que no publica su número por su cuenta. Es la definición del caso promedio de este mercado, y precisamente por eso sirve de referencia contra la que se leen las demás.

Strendus: tres permisos bajo una sola marca

Strendus es el caso extremo de acumulación: permisos DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021, según casasdeapuestaslegales.mx. El titular que la fuente nombra varía según la compilación —Atracciones y Emociones Vallarta en una versión, New Ads en otra—, y ahí es donde esta ficha se vuelve representativa de todo lo que le pasa a la información de permisos en México.

Tres permisos y dos titulares posibles para una sola marca de apuestas deportivas. La explicación más probable no requiere malicia: un permisionario puede tener varios permisos por tipos distintos —apuestas remotas por un lado, sorteos de números o símbolos por otro— y puede haber cambiado de razón social en algún momento entre 2018 y 2021. Cuando una compilación no distingue entre esos casos, publica uno de los dos nombres y el otro desaparece. El usuario que lee ese nombre y luego encuentra otro en el pie de página de la marca no está ante un fraude; está ante dos fotografías de años distintos.

Lo que no aparece en esta ficha es la declaración de juego responsable. Ni aviso de edad, ni sección enlazada, ni política de cierre de cuenta. Es la misma situación que en Playdoit y que en varias otras, y conviene decir con claridad que la ausencia de esa línea en la portada no equivale a la ausencia de la obligación: la verificación de identidad y los reportes contra el lavado de dinero pesan igual sobre su permisionario, porque son condiciones del permiso y no de la publicidad.

Veredicto: aquí el dato que importa no es cuántos permisos tiene la marca, sino que ni las fuentes que los recopilan se ponen de acuerdo sobre quién los tiene. Un jugador que quiera cerrar esa duda tiene una vía razonable: revisar sus propios términos y condiciones, donde la razón social de la contraparte tiene que estar escrita, y compararla con lo que dice el pie de página. Es el único control de coherencia que el mercado pone al alcance del apostador.

Pickwin: un expediente compartido con la ficha de al lado

Pickwin es la segunda marca sin número de permiso en la tabla, y la razón merece atención porque es distinta de la de Betcris. La compilación de blog.pickwin.mx y la de Apuestas-legales.com.mx se contradicen entre sí: una da DGJS/DCRCA/1584/2019 y la otra DGAJS/SCEVF/P-06/2005-TER. Ese segundo número es el mismo que el pie de página de Betcris muestra a nombre de Producciones Móviles.

El titular que las fuentes nombran es Producciones Móviles S.A. de C.V., con Unocapali La Paz Operadora. Y aquí está el punto, que es el más útil de toda esta sección: un mismo permisionario puede operar varias marcas, así que ver el mismo nombre de titular en dos fichas no es un error. Lo que es un error es que una de esas fichas tome el número de Betcris y se lo ponga a Pickwin. La contradicción no está en la realidad; está en el copiado.

Para el jugador, la consecuencia es práctica y no jurídica. Un permiso de 2019 y uno de 2005 describen dos situaciones administrativas muy distintas, y no hay forma de saber cuál corresponde a qué marca con los documentos que se pueden abrir. Lo que sí se puede hacer es preguntarle a la casa, por escrito, cuál es el permiso que sostiene la cuenta que se va a abrir, y conservar la respuesta. No es un trámite elegante. Es lo que queda cuando la lista oficial no está disponible.

De esta ficha tampoco hay declaración de juego responsable en lo consultado. La marca, eso sí, tiene algo que la distingue: su nombre de titular comparte expediente con el de otra marca del listado, lo que la convierte en el mejor ejemplo de cuánto se cruzan los papeles cuando varios permisos cuelgan del mismo permisionario.

Veredicto: una marca cuyo permiso no se puede fijar a un número, pero cuyo titular sí está nombrado, es un caso intermedio y bastante honesto dentro de este mercado: no se puede confirmar el expediente, y sí se puede saber quién responde. Quien elija esta casa debería preguntar por el número antes de depositar, y quien no lo haga no debería sorprenderse después.

Betway: el expediente más corto, la sorpresa del frontón

Betway lleva el permiso 4184, según casasdeapuestaslegales.mx, con Espectáculos Deportivos Frontón México S.A. de C.V. como titular. El número es el más corto de la tabla: cuatro dígitos contra los formatos de siglas y años de las demás filas, y esa brevedad cuenta una historia administrativa más antigua que la de todos los demás.

El titular, además, es el más elocuente de la lista para quien lea el Reglamento. Un permisionario de frontón es exactamente el tipo de titular que puede obtener permisos complementarios de apuestas remotas. El nombre no es un adorno: describe el negocio original de la empresa, que venía del frontón y hoy opera una casa de apuestas deportivas. Es la lógica del mercado mexicano puesta en una razón social: pocos titulares de base física, muchas marcas encima.

Ese mismo rasgo es el que debería hacer pensar al lector. La Ley Federal de Juegos y Sorteos data de 1947, y regula una realidad de hipódromos, galgódromos y frontones. El mercado de apuestas deportivas en línea que el usuario conoce hoy se construyó sobre esa arquitectura, no sobre una ley escrita para él. Cuando alguien pregunte por qué México no tiene licencias digitales, la respuesta está en un apellido de empresa.

Betway tampoco publica en lo consultado el aviso de juego responsable ni una sección enlazada. El número de permiso aparece atribuido por una compilación, no por el sitio de la marca.

Veredicto: el expediente corto y el titular de frontón son la mejor prueba de que el sistema mexicano no se diseñó para el apuestas en línea sino que se adaptó a él. Como casa, no ofrece nada que la distinga en juego responsable, y su permiso, aunque creíble por su propia antigüedad, llega al lector a través de una fuente intermedia. Es una fila correcta y sin brillo.

Lo que cuesta poner un límite propio en una casa internacional

Cómo se calcula lo que la casa se queda de cada peso apostado

Vale la pena detenerse en un mecanismo que casi ningún jugador tiene presente y que no aparece en ningún reglamento, porque es la clave de todo lo demás. El momio que el usuario ve en pantalla es un precio con el margen ya dentro. La casa no cobra una comisión; cobra en la construcción del precio.

Tomemos dos momios idénticos de 1.90 y 1.90, uno por cada lado de un mercado de dos resultados. Un peso repartido entre los dos lados paga 1.90 por cada peso jugado, y la suma de las probabilidades implícitas que esos dos momios describen no da uno sino algo más. La proporción del conjunto de lo apostado que ese mercado devuelve se calcula como uno dividido entre la suma de los inversos de los momios: 1 ÷ (1/1.90 + 1/1.90). El resultado es aproximadamente 95 %. El margen —el complemento— ronda el 5 %.

Ese cinco por ciento es el precio de entrada, y no es un dato de una casa en particular: es aritmética de un par de momios simétricos de 1.90. En una casa con momios peores, la proporción baja; en una con momios mejores, sube. El jugador que compara casas comparando bonos está mirando el aparador y no el precio.

El cálculo: qué cuesta a la larga un límite semanal de $500 MXN

Pongamos el caso al que apunta este apartado. Un jugador decide fijarse un límite propio de $500 MXN a la semana, apostados de una sola vez, en un mercado de dos resultados con momios de 1.90 y 1.90. Ese par de momios es un ejemplo aritmético, no un precio cotizado por ninguna casa; el límite semanal es una decisión del jugador, no una imposición de la autoridad, porque en México no existe un tope legal de depósito o de pérdida.

Sobre esas cifras, la cuenta queda así. Quinientos pesos por semana equivalen a 26,000 pesos al año de apuesta. Si el mercado devuelve alrededor del 95 % de lo apostado, el costo esperado del año ronda los 1,300 pesos, que es aproximadamente el 2,6 % de lo apostado en el año. La manera correcta de leer ese número es como una media estadística sobre muchas apuestas, no como una pérdida que vaya a ocurrir. Lo mismo puede terminar el año con más saldo; la estimación describe lo que cuesta el margen a lo largo de un año de actividad constante, no un resultado.

El mismo ejercicio con otros límites da la escala. Con $1,000 MXN semanales, el costo esperado se sitúa cerca de los 2,600 pesos al año. Ojo con una confusión frecuente: esos 2,600 pesos no son el 2,6 % del depósito semanal, son el 2,6 % del total apostado en el año —la proporción es la misma y el error de lectura es de base, exactamente el tipo de error que agranda o encoge una cifra en la cabeza del jugador.

Lo que el cálculo no dice es igual de importante. No dice qué va a pasar con la próxima apuesta, no dice si ese jugador va a ganar y no dice a qué hora conviene apostar. Dice una sola cosa: que a igualdad de momios, cada apuesta deja fuera del boleto una porción del dinero puesto. La única variable que el jugador controla es cuántas veces pone dinero en juego y a qué momios.

Y ahí está la conexión con toda la primera mitad de esta página. El límite propio de $500 MXN semanales es la única salvaguarda que existe por defecto en una casa de apuestas mexicana, porque no hay registro de autoexclusión ni límite legal de depósito. El jugador no se topa con un tope y decide si lo sube; se topa con nada y decide si pone uno. Un mercado que devuelve el 95 % de lo apostado no necesita ninguna ayuda para extraer su parte; la necesita el jugador que quiere conservar la suya.

Dónde termina el cálculo y empieza la casa

El margen no es el único costo. Los bonos traen requisitos de apuesta, momios mínimos y plazos, y esos requisitos compiten con el límite que el jugador se haya fijado: un bono que exige mover el dinero varias veces puede obligar a apostar más de lo que el jugador tenía previsto en una semana, que es justamente lo contrario de lo que un tope personal busca. En una casa con permiso, el requisito está escrito en los términos y condiciones y se puede leer antes de aceptar el bono; en una casa sin permiso, también está escrito, aunque nadie con autoridad mexicana vaya a revisar que se cumpla.

La subida del IEPS movió ese terreno. Desde el 1 de enero de 2026 el impuesto del 50 % sobre juegos con apuestas alcanza también a los residentes en el extranjero que ofrecen juegos con apuestas en línea sin establecimiento en México, y para los permisionarios la tasa pasó del 30 % anterior. Una casa que absorbe parte de un impuesto necesita recuperarlo en otra parte, y las condiciones de las ofertas de bienvenida son el lugar donde eso ocurre. Aquí no se afirma que el impuesto se traslade al momio —la base del tributo no está establecida en los textos, que sólo hablan del “valor de la actividad”— pero sí se puede afirmar lo que es visible: las ofertas de bienvenida cambiaron de forma después de la reforma.

Hay una segunda capa de costo que no se ve en ningún cálculo de margen: el costo de tener el dinero quieto. Los retiros van a una cuenta a nombre del jugador, y una cuenta verificada tarda menos en habilitar ese retiro que una que no lo está. En un operador bloqueado, el saldo puede quedar congelado sin más. Ese riesgo no tiene un número, y es el más caro de todos.

Preguntas frecuentes

¿Qué riesgos tiene una casa que opera sin permiso de la SEGOB en México?

Cuatro, y se suman. Sin permiso no hay establecimiento legal mexicano donde reclamar, ni controles de identidad y contra el lavado de dinero como los del permisionario, ni constancia de retenciones para los premios. El saldo corre además el riesgo de congelarse: el sistema no ofrece ninguna protección al jugador.

¿Cómo saber si una casa opera con permiso de la Secretaría de Gobernación?

Baje al pie de página y busque el número de permiso y el nombre del titular. Ese titular debe coincidir con la razón social que aparece en los términos y condiciones de la cuenta. Si el número no está publicado, pídalo por escrito al soporte y conserve la respuesta. El listado oficial de la Dirección General no siempre es accesible.

¿Existe un registro nacional de autoexclusión en México?

No existe. La autoexclusión es una herramienta voluntaria de cada casa y sólo surte efecto en la marca donde se solicita. Tampoco hay un límite legal de depósito o de pérdida, ni cuentas temporales. Quien quiera un tope real tiene que pedirlo él mismo, casa por casa, y sostenerlo con disciplina.

¿Cómo se ponen límites de depósito o de pérdida en una casa de apuestas?

Se piden a la propia casa, normalmente por chat o correo, con la cuenta ya verificada. Las marcas que anuncian herramientas de juego responsable las listan en su sección correspondiente; las que no lo hacen suelen atender la petición igual. Fije el límite antes de depositar y no después de una racha mala.

¿Se pagan impuestos por los premios de las apuestas y quién los retiene?

Los premios de juegos con apuestas legalmente autorizados son ingreso. El pagador retiene 1 % cuando el estado no grava el premio o su impuesto no supera el 6 %, y 21 % cuando lo supera; en Ciudad de México, con un 6 % estatal, el total ronda el 7 %. La casa con permiso emite la constancia.

¿Dónde buscar ayuda si apostar se vuelve un problema?

En los servicios de salud mental y en los grupos de apoyo de la propia comunidad; las casas con permiso enlazan secciones de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. Pedir la autoexclusión interna, borrar la aplicación y pedir ayuda profesional son tres pasos distintos. El último es el que trata el problema.

Cómo evaluar la solidez de una casa de apuestas mexicana

El mercado mexicano de apuestas internacionales se parece menos a un catálogo de casas que a un sistema de capas construido sobre una ley de 1947. El permiso es de un permisionario de base física, no se cede, y la marca que el jugador ve es la capa más visible de una estructura que empieza en un titular con nombre y apellido. Novibet, 1xBet, Betcris, Caliente, Codere, Playdoit, Strendus, Pickwin y Betway existen en el aparador; lo que las sostiene es un expediente administrativo que ninguna de ellas publica de la misma manera.

Después de leer nueve fichas, la impresión que queda no es la de un mercado opaco sino la de un mercado descuidado en su comunicación. Caliente imprime su permiso donde el usuario lo encuentra sin bajar tres pantallas, y es la única. Codere anuncia políticas de cierre de cuenta en su ficha de aplicación, y también es la única. Betcris publica aviso de edad, titular y hasta una autorización extranjera, y luego no se pone de acuerdo con las compilaciones sobre cuál es su número. La diferencia entre las nueve no está en el tamaño ni en el catálogo deportivo: está en cuánto escriben por su cuenta.

Para el jugador, el desenlace práctico es una secuencia y no una marca. Primero el permiso y su titular, comprobados en el pie de página y en los términos y condiciones. Después el costo real de la oferta, con requisitos de apuesta y momios mínimos leídos antes de aceptar. Después el costo del mercado mismo, que en cualquier par de momios de 1.90 se lleva alrededor del 5 % y que en un año de $500 MXN semanales ronda los 1,300 pesos. Y al final, un tope personal escrito por el propio jugador, porque no hay registro de autoexclusión que lo ponga por él.

Queda un punto que no es un consejo sino un hecho: el jugador que apuesta en una casa sin permiso mexicano no está apostando en un vacío legal —está apostando fuera del sistema, con un saldo que puede quedar congelado y sin una autoridad local a la que acudir. En 2025 y 2026 eso dejó de ser teoría: la Unidad de Inteligencia Financiera identificó trece casinos en noviembre de 2025 y congeló cuentas, y los dominios siguieron cayendo después. Que una marca funcione hoy no dice nada sobre cómo estará mañana. Elegir camino en este mercado es elegir quién responde cuando algo se rompe, y esa pregunta sólo tiene una respuesta verificable.

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